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Entre la Ley de las semillas mentales y el mundo de las probabilidades

Green plant in people's hands

El desconocimiento de la LEY no te exime de la falta por incumplirla.

¿Quién ha escuchado esto alguna vez?

Pues todos, en alguna de sus formas o variaciones. Pero llegar a comprenderlo de forma tal que lo puedas operar y aplicar a lo que vives día a día es uno de los retos más grandes.

Y quiero explicar primero lo que es el mundo de las probabilidades: si tienes ganas de hacer algo y piensas hacerlo, tienes un 50% de probabilidades de lograrlo y otro 50% de no lograrlo. Así de simple, como cuando lanzamos una moneda y esperamos que salga una de las caras.

Para mejorar nuestras probabilidades de éxito, nos educamos, nos formamos, practicamos, tenemos experiencias, practicamos más y después de todo este camino, podemos llegar a ser tan buenos como un buen jugador de béisbol, que, de cada 10 lanzamientos, le pega 3 veces a la pelota (sin importar la dirección). O un jugador profesional de básquet, cuyo promedio en tiros libres después de mucha práctica llega a 7 de cada 10 tiros y muy pocos llegan a 9 de cada 10.

¿Y crees que en tu vida diaria, cuando  te levantas para ir a trabajar o a estudiar, con la esperanza de que si sigues los pasos de alguien que le fue bien, tú lograrás los mismos resultados? en muchos, muchos casos, no sucede eso. Algo que yo no tenía en cuenta  hizo que todos mis planes se derrumbaran.

¿La pandemia cambió tus planes de viajes, boda, negocios, proyectos, etc., etc., de tener altas probabilidades de que si sucediera, ya no es posible realizarlo?

Cuando ves la realidad de esta forma sabes que tú no controlas nada, sólo puedes hacer un gran esfuerzo para que las probabilidades sean altas, pero nunca serán del 100%. Entonces por qué seguir insistiendo en algo que sabemos que nunca nos dará exactamente lo que queremos, la respuesta es: soy humano.

Pero al observar nuestro entorno, la naturaleza nos enseña de muchas formas a través de leyes universales, como el caso de la ley de la gravedad, que dice que todo lo que sube debe de bajar,   o la ley de la agricultura, lo que siembras cosechas, o la ley de la biogénesis, que dice que un ser vivo proviene de otro ser vivo de la misma naturaleza; y aunque no lo entendamos, aunque no sepamos la fórmula matemática que lo expresa, aunque no tengamos fe o seamos de religiones diferentes, de razas diferentes; o nos encontremos en el mejor o en el peor estado anímico, estas leyes seguirán actuando y trabajando todo el tiempo siguiendo sus ciclos, y sin la intervención de los seres humanos tendrán el resultado esperado y natural.

Ahora bien, el hombre ha sabido administrar estas leyes universales a su favor, como la ley de la gravedad: hoy podemos despegar, volar y aterrizar cuando queramos. Podemos determinar cuál variedad de semillas es la mejor para ciertas características de la tierra, conocemos las mejores variedades de perros para ciertas actividades específicas. Lo que aún no hemos comprendido bien es cómo poder administrar las leyes de las semillas mentales, esas que sembramos día a día de forma inconsciente, cuando hacemos algo, decimos algo o pensamos algo de los demás.

Al igual que las otras leyes universales, la ley de las semillas mentales, suceden todo el tiempo, a cada momento, en cualquier estado emocional, tengas mucha fe o no, conozcas el mecanismo de cómo sucede o no, creas en ellas o no. Son leyes universales, por lo tanto, lo mejor que puedes hacer, es aprender a administrarlas de forma consciente para que sólo coseches lo que de verdad deseas.

¿Cómo se hace esto? con una herramienta que llamamos los 4 pasos del café:

  1. Enuncia CLARAMENTE lo que quieres, deseas o necesitas
  2. Busca a una persona que en ESENCIA quiera, desee o necesite lo mismo que tú
  3. Haz un plan para ayudarla (disfruta del plan mientras lo haces) y ejecuta el plan
  4. Regocíjate, es decir alégrate con todo tu ser recordando el momento en el que estabas ayudando a esa persona.

Me gusta enunciar en presente y en primera persona, y sobre todo que denote que ya lo tengo ahora. También le pongo una fecha estimada, sabiendo que sólo en el cuento de las habichuelas mágicas, éstas crecían de forma instantánea y daban frutos al caer al suelo  cuando eran tocadas por una gota de agua.

El término “esencia”  denota que es muchísimo más pequeño lo que tengo que sembrar que lo que cosecharé, como la comparación de una semilla de naranja versus la planta de naranja ya con sus frutos.

Algo que ayuda mucho a obtener resultados muy poderosos, es pensar en la intención al sembrar tu semilla mental, es decir, en el momento en el que te dispones a ayudar a alguien, ¿cuál es la razón por lo que estás haciendo esa acción?:

– ¿Estás pensando en el beneficio que tú vas a obtener? A ésta yo le llamo la intención jodida (piensa en Gollum, el personaje  del señor de los anillos)

– ¿Estás pensando en ayudar realmente a la persona que está delante de tí?  A ésta le llamo la intención chafa (mucho mejor que la intención jodida, y chafa porque hay otra mucho mejor)

– ¿O piensas que eso que estás por hacer servirá para que todos los seres del universo logren…eso que tú deseas? Ésta es la intención poderosa.

Si comenzamos a tener estos buenos hábitos, y ser observadores de lo que estamos pensando, diciendo o haciendo, no hay forma de que nuestra realidad no comience a cambiar, porque las semillas mentales siguen los mismos principios de todas las Leyes Universales, sucede algo maravilloso, aunque no sepas, no creas, no entiendas, no tengas fe…entonces, ¿por qué no decidir hacer estos pequeños cambios en tu vida?

Si tienes dudas, coméntame y con gusto te ayudaré, para seguir sembrando semillas mentales que crearán tu paraíso

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